Aquella noche, despertó más inquieta que de costumbre. No eran extraños, sus más de tres
despertares nocturnos, a causa de los trastornos del sueño que padecía desde
hacía tiempo. Pero esta vez, la sensación
era diferente. Estaba incomoda, inquieta y confundida, por el despertar
repentino. Todo su cuerpo, estaba empapado en un sudor frío y sentía una presión
en el pecho, que no la dejaba respirar.
Intentó recordar, si había tenido alguna
pesadilla, que le hubiese podido producir ese malestar, pero no recordaba
absolutamente nada, ni siquiera, en que momento se había dormido.
Tomo un soplo
de aliento e intento relajarse, pero la atmósfera de su habitación era
peculiarmente densa, más oscuridad y silencio de lo habitual, y eso le hacía
sentir incomoda. Empezó a tener miedo, tenía una sensación extraña, que hacía
que todo el vello de su cuerpo se erizara.
Decidió levantarse, con el propósito de calmarse. Cruzó el umbral de su habitación y empezó a
recorrer el pasillo, hacia la cocina. Tenia la ligera sensación de qué el
pasillo, era más largo de lo normal, incluso le parecía siniestro, como sacado
de un relato de Edgar Allan poe.
Paró justo delante de la cocina, totalmente
decidida a fumarse su habitual cigarro nocturno, con cuidado, de no despertar a
su madre, para que no la regañase, por deambular por la casa, a esas horas tan
intempestivas. Y cuando iba a entrar, algo la paralizó. Un escalofrío, recorrió toda su columna
vertebral, hasta acomodarse en su nuca, como si de una corriente eléctrica se
tratase. Sintió un nudo en el estomago y noto como su cuerpo se entumecía, el
sudor frío, se volvió a hacer dueño de su cuerpo.
Notaba una presencia extraña,
su voz interior le grito, "¡CUIDADO!". Miró hacia atrás sobrecogida, pero
solo vio la puerta que daba al portal. Aún así, no podía dejar de sentirse
amenazada, por algo que no podía ver.
Se acercó a la puerta y esa sensación, era
cada vez más plausible. Podía sentir el peligro, como si algo estuviese
esperando detrás de la puerta, acechándola. Miro por la mirilla de forma
temblorosa, pero solo vio el descansillo vacío de la escalera, iluminado, por la
tenue luz de emergencia. Respiro aliviada y se dijo a si misma… "Es solo
una mala noche".
Poco le duró ese
alivio, cuando un grito desgarrador, inundo toda la estancia. Su primer impulso,
fue averiguar de donde provenía. No fue tarea complicada, en cuanto giro la
cabeza, pudo ver que aquel sonido tan aterrador, provenía del final del pasillo y
que la persona que lo producía, era su propia madre.
Se acerco corriendo, como
alma que lleva el diablo, mientras preguntaba en voz alta, que qué le ocurría.
Por fin llego hasta donde estaba su madre, la miro y vio su cara totalmente
desencajada, envuelta entre lágrimas y gritos de pánico. Totalmente
desconcertada, miró, hacia donde los ojos de su madre, estaban clavados…
"¡Imposible!", pensó.
Sus piernas empezaron a temblar, hasta tal punto, que tuvo que agarrarse para no caer. No podía creer, lo que sus ojos estaban
viendo.
Miró a su madre, mientras sus lágrimas, comenzaron a brotar y recorrer
sus mejillas, sin tregua alguna. Volvió a observar e intentar analizar, aquel
escenario tan dantesco.
Lo que más llamaba
la atención, a primera vista, era aquel manto de sangre, que hacía la función de
alfombra, mientras cubría el suelo blanco inmaculado, de aquella estancia y como
un cuerpo, totalmente desnudo, pálido y frágil yacía sobre ese manto.
Y esa mirada…
inerte… como si estuviese mirando al vacío, triste… En la que aún, se podía apreciar los restos de
lágrimas derramadas. Justo en ese momento, dos frases inundaron su mente,
"horizontal al hospital, vertical al cementerio". Su mente no paraba
de gritar. "No puede ser, estoy soñando, esto es solo una pesadilla".
Fue entonces, cuando
escuchó, como la puerta se abría, como unos pasos se acercaban a ella, ya todo
era difuso.
Una niebla oscura, empezó a envolver todo y entonces recordó... Y al
recordar, lo comprendió... Y fue entonces, cuando volvió a sentir esa presencia, pero
ahora estaba justo detrás de ella, prácticamente rozándola.
Se giró temblorosa, pero resignada. Lo miró… Sus ojos eran rojos como aquella sangre, su rostro no
tenia facciones, estaba allí por ella. Se había elevado de los infiernos para
llevarla con él.
Aquella noche, fue su juicio... Su condena... Y su castigo, por
haberse rendido a la desesperación.

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