"Mi querida
Oonagh, como negarle nada". Eso mismo pensé, cuando se plantó delante de mí, con una herradura y me pidió que hiciese algo
especial para ella.
Tenía claro que
debía de ser algo relacionado con el bosque, ya que ella es un espíritu libre,
pero también quería que esa herradura llevase algo de mi interior.
La miré y lo vi
claro, era como si su forma me llamase y se dibujase sola en mi mente. Pude ver
sus orejas puntiagudas, sus ojos
penetrantes mirándome, todos los detalles de su magnífico pelaje. Era kitsune.
Oonagh me miraba, mientras yo totalmente absorta cogía el pincel y comenzaba a pintar. La miré por un momento y vi esa sonrisa
pícara suya, como si me estuviese diciendo que había dado en el clavo. "Es
pura conexión lo que tenemos ella y yo", pensé.
Seguí pintando,
mientras pensaba el porque esa imagen, se había plasmado tan claramente en esa
herradura y en mi mente.
Estaban siendo momentos difíciles para mí, de hecho la verdadera intención de Oonagh,
era la de mantenerme entretenida, para no pensar en mi caótica vida. Pero... mi
mente es inquieta y por muy entretenida que esté, no deja de recordarme el
porque de mi apatía.
Dualidad.... Quizás
eso era, lo que más me atraía de aquel ser mitológico, esa cualidad era lo que realmente me conectaba a él.
Un ser de luz y sombra, por un lado una
divinidad, sabio, de espíritu fuerte, protector... Por otro lado un yokai,
mentiroso, astuto, juguetón, sensual,
egoísta.... Pero, su sombra no es lo que parece.
En el fondo es un
alma solitaria, condenada a proteger por su gran sabiduría y valor, de mostrar el
camino a los demás, sin poder permitirse el lujo de poder amar, de ser libre
para poder coger las riendas de su propia existencia. Por eso su necesidad de
hacer travesuras a veces, es su forma de sentirse vivo, de disfrutar de los
placeres humanos, incluso los carnales, aunque eso le suponga el sacar lo peor
de sí mismo.
En el fondo su oscuridad, es solo una coraza para no mostrar la
tristeza que hay en él. Somos totalmente
iguales, por eso lo vi... Y por eso decidí plasmarlo.
Condena es nuestro
sino, obligados a expiar en nuestras propias carnes, los pecados y errores de
los demás.

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