sábado, 26 de octubre de 2019

COMPAÑEROS DE DESCANSO


Dos de la tarde y toca descanso, lo justo para un café y un cigarro. Salí al patio interior, sin imaginar que la vida me iba a mostrar su lado más cruel. Suerte que siempre voy con la cabeza alta y la mirada clavada en el suelo. De no ser así, esa crueldad hubiese acabado en la suela de mi zapato.

No era la primera vez que me topaba con tal macabra visión, días antes ya pude observar rastros sanguinolentos provocados por lo que llamamos progreso innovador.
Sin embargo esta vez algo llamó mi atención, quizá fuesen sus colores exóticos o el hecho de que el suceso acababa de ocurrir y aún estaba en estado agonizante.

Me incline a observarlo, he de reconocer que no sentí pena, supongo que mi estado de ánimo está tan alterado, que ya pocas cosas consiguen hacer que me estremezca. Sin embargo... Mi capacidad de reflexión sigue intacta.

Me imagine el despertar de ese ave aquella mañana, un día como otro cualquiera. Dudo mucho que pasase por su mente su fatal destino. Quizá solo disfrutaba de un plácido vuelo mañanero o a lo mejor se dirigía a por comida para sus polluelos, lo cual, significaría que su muerte también arrastraría a su prole.
El caso es... Que allí estábamos los dos, él respirando su última dosis de oxígeno y yo captando el momento.

No tengo muy claro que es lo que acabó con él, si el brusco golpe contra el cristal del edificio o la caída. Pero al no ver restos de sangre en el suelo, pude imaginar que seguramente el estampazo, le había reventado por dentro y utilizó las pocas fuerzas que le quedaban, para que su caída fuese menos brusca.
Alcé la mirada hacia el edificio acristalado, era puro espejismo, el cielo y las nubes se reflejaban claras como espejos, no es de extrañar que llevase al engaño.

Volví a centrarme en mi pequeño compañero de descanso, ya no se movía,  su pico se quedo inmóvil y poco a poco vi como sus ojos negros se tornaron grises. 
Fui la última imagen que vió y yo presencié como su luz se apagó.



EL HILO ROJO

De forma minuciosa, el anciano de la luna, ató el hilo rojo del destino en su diminuto dedo y dejó el otro extremo libre, aún no había decidido quién sería el alma adecuada para él. 
Cinco años pasaron hasta que lo decidió, sin darse cuenta que durante ese tiempo el hilo se había enredado. Pero fue tan impetuosa la llegada de aquel alma indomable, que no prestó atención a tal contratiempo. Agarró el extremo del hilo que volaba sin dueño e hizo la unión.  
Observó a esas dos almas unidas y no tuvo duda de que eran una sola. Mientras se regocijaba de un trabajo bien hecho, se percató del amasijo de nudos, que había entre los dos. 
Lo curioso es, que no grito de espanto por el gravísimo error cometido, al contrario, empezó a soltar carcajadas de alegría. 
Como hombre sabio que era, comenzó a analizar el hilo... 
El primer nudo estaba casi por la mitad, lo que le dio a entender que pasarían muchos años hasta que sus caminos se cruzasen. El resto del hilo, era una auténtica maraña, lo que le indicó que iban a tener que ser muy pacientes y constantes si querían que su amor la desenredase. 
Y os preguntaréis... ¿Por qué aquello le hizo tan feliz?. 
La respuesta es muy sencilla, si su amor conseguía ser tan fuerte, como para desenredar las trabas del destino, significaría que era amor de verdad y sus almas estarían juntas por toda la eternidad. 
¡Sí, definitivamente había hecho un buen trabajo!.


GRIS


Grises muñecos de trapo deambulan por la ciudad, 
roídos por el paso del tiempo.

Sus miradas fijas e inertes,
dejan al descubierto el vacío de sus almas.

Sonrisas cosidas
y cada vez más deshilachadas,
se convierten en muecas tremebundas y desencajadas.

Caminantes aciagos,
sin rumbo ni ilusión.

Costuras rotas, reducen a algunos al simple serrín,
pisoteados por los que no se dan cuenta,
de que la endeblez de sus hilos,
barren la fatalidad de su porvenir. 

viernes, 16 de agosto de 2019

LIMITE



Remolinos de emociones, veneno necesario para vivir. Sangre convertida en ponzoña, que recorre todo mi cuerpo, hasta llevarme a la enajenación. No existen limites ni dosificación.

Manto que nubla mi mente, se adueña de mis sentidos, envuelve mis sueños transformándolos  en pesadillas.
Palpitar de mis muñecas, la llamada de la desesperación, venas que se iluminan para llamar mi atención. 

Momentos de vacilación... Las lágrimas comienzan a brotar, llanto mudo que impide mi respiración. 
Nido de abejas en mi pabellón auditivo, hacen voltear mi masa gris. Mi sistema nervioso se convierte en un terremoto que altera todo mi existir.

Difícil controlar la situación, todo son dudas, sumida en el abismo de mi depresión.
Sin embargo un resquicio de cordura asoma con decisión, volverme un alma inerte sería la solución.  No más llanto ni dolor, por ahora esa cápsula medicamentosa será mi salvación.