Grises muñecos de trapo deambulan por la ciudad,
roídos por el paso del tiempo.
Sus miradas fijas e inertes,
dejan al descubierto el vacío de sus almas.
Sonrisas cosidas
y cada vez más deshilachadas,
se convierten en muecas tremebundas y desencajadas.
Caminantes aciagos,
sin rumbo ni ilusión.
Costuras rotas, reducen a algunos al simple serrín,
pisoteados por los que no se dan cuenta,
de que la endeblez de sus hilos,
barren la fatalidad de su porvenir.
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