Un nuevo
amanecer... El comienzo de un nuevo
día, y como en cada salida del sol, ella
seca sus lágrimas, con la esperanza de que no sea igual que el anterior.
Antes
de comenzar la jornada, respira su primera dosis de nicotina, mientras mira por la
ventana. Mientras observa... Mientras piensa que es lo que falla en ella. ¿Por qué esa apatía?, ¿por qué no consigue encauzar
su vida?.
Se aferra a su móvil, el cual se
ha convertido en una falange más de su cuerpo, lo que los expertos llaman
nomofobia, aunque ella prefiere llamarlo
soledad. Lo mira, con la esperanza de ver un mensaje especial, algo que la
consiga motivar. Pero no, siempre es lo mismo, tiene mensajes, aunque no el que
ella espera. Sólo son palabras vacías,
de viciosos, desesperados, de hombres que prefieren ahogar su soledad
con sexo. Sin embargo ella ya está cansada, no quiere eso. "Coleccionista de
hombres", piensa... "Eso es lo que soy, una coleccionista de hombres". No
consigue comprender el por qué.
No todos los que habían aparecido en su vida aparentaban ser así. Fueron hombres que consiguieron devolverle la ilusión, en su
momento creyó que buscaban lo mismo que ella anhelaba. ¿Entonces?... Se pregunta con
el corazón roto en mil pedazos. ¿Quizás eran lobos con piel de cordero?, ¿quizás hay algo en ella que no encaja?. Aunque... Sabe perfectamente, que esa no es
la verdadera razón de su tristeza, de su insomnio, ni de sus momentos de locura,
solo es una pena mas que ha añadido a su colección, porque para ella eso es mas
llevadero, que la verdadera razón de su soledad.
Y con la amargura aun
recorriendo todo su cuerpo, deja de pensar por unos instantes, ya que debe
prepararse para irse. Y como cada mañana sale a la calle, a su rutina diaria.
Siempre va acompañada de su música, es lo
único que le da fuerzas para soportar la salida al exterior. No le gusta el
ruido de los coches, ni de la gente, prefiere sumergirse en esas notas
musicales, para así poder percibir solo lo que le interesa ver. Música corta
venas, le han dicho muchos, aunque a ella no le importa demasiado la opinión de
los demás, después de todo, su concepto
musical sobrepasa lo terrenal, y no espera que los demás lo entiendan.
Se adentra en el
metro, y una vez dentro del vagón, comienza a observar las personas que hay en
el. Mira sus caras, intenta analizar sus gestos y se dice a si misma que
seguramente entre esa multitud, haya personas que seguramente se sientan
pérdidas como ella, quizás tengan problemas mucho peores que el suyo, pero por
más que las mira, no consigue percibir nada de eso. Sólo ve vacío, marionetas
movidas por el sistema social en el que viven.
Entonces es cuando aparta la
mirada, y mientras escucha esas notas, que llegan a lo más profundo de su alma,
no puede evitar el sentimiento de tristeza y frustración. Las lágrimas empiezan a brotar de sus ojos,
ella intenta por todos los medios que eso no ocurra, pero es inevitable, es
algo que no puede remediar. Así que saca su pañuelo e intenta secarlas de forma
que nadie se de cuenta. Cierra los ojos, cree que así podrá evitar que se
derramen, pero aunque sea de una forma más comedida, siguen acariciando sus
mejillas.
Llega el momento de salir del vagón y entre la multitud solo ve sombras, ya le es imposible discernir sus
rostros, todos le parecen iguales, mejor dicho, ya no ve rostros, solo figuras
oscuras y distorsionadas.
Al fin llega a su trabajo,
en ese momento es lo único que la hace sentirse un poco viva. Siempre se
queda más tiempo del que debería, ya que por lo menos allí deja de pensar, no le importa el cansancio ni
la extenuación, todo eso es mejor que dejar que su alma la atormente. Pero es
momento de volver a casa, y con resignación, se vuelve a colocar sus auriculares
y vuelve a la estación.
No sabe porque, pero sin quererlo siempre se queda
ensimismada mirando las vías. Y mientras
las observa, siempre le viene el mismo nombre a la cabeza. "Karénina".
No puede evitar
recordar, el día que junto a su hija vio aquella película, y como ella misma, la juzgó por dejar a lo que más quería por un sueño loco. Aunque... Teniendo en cuenta su actual situación, ya no pensaba de la misma forma.
Quizás
sus circunstancias no habían sido iguales a las de ella, pues en realidad su sueño loco, era vivir en libertad con lo que más amaba en este mundo, volver a sentirse viva,
sentirse persona y mujer. Sin embargo, aunque no
fuesen las mismas circunstancias, las consecuencias fueron parecidas. Y ahora
ella, también era juzgada por ello.
Y con la mirada aun
clavada en aquel raíl, pensó en como se debió sentir la protagonista de aquella tragedia, en el
momento en que decidió abrazar a la muerte, en unas vías parecidas a las que
ella estaba observando. ¿Quizás se sintió como ella?... ¿Sin esperanza?... ¿Sin ilusión?... ¿Desbordada, por todo lo que había acontecido?. ¿Con ese sentimiento de
culpabilidad, porque no era capaz de soportar las consecuencias, que sus decisiones la habían causado?.
Cada vez que pensaba
en ello notaba como su estómago se encogía.
"¿Yo acabaré igual, lanzándome a los brazos de la parca?".
Después de todo... ¿Quién la echaría de
menos?.
Al fin y al cabo nadie la esperaba, solo una habitación oscura y su
soledad.

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