Envuelta en llamas,
como los pecadores que se consumen en el infierno.
Mi cuerpo se agrieta, se va
convirtiendo en piedra volcánica, mientras supura la lava de mi deshonra. Una
imagen evocadora para aquellos que prendieron la mecha de mi desgracia.
Es cierto
que acabaré hecha cenizas, que mi piel, mis órganos y mis huesos serán simple
polvo y os regocijareis pensando que habéis acabado conmigo.
Lamentablemente para
vosotros no será así, porque yo soy fuego, es mi elemento. Yo soy el infierno
convertido en mujer y resurgiré de mis cenizas.
Da igual las veces que me
consuma, el polvo se convertirá en cuerpo de nuevo, más fuerte, más sabio y más
bello. Y observareis mi grandeza, y volveréis a prender la mecha, hasta que
seáis vosotros los que acabéis entre las llamas de mi ira

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