Remolinos de
emociones, veneno necesario para vivir. Sangre convertida en ponzoña, que
recorre todo mi cuerpo, hasta llevarme a la enajenación. No existen limites
ni dosificación.
Manto que nubla mi
mente, se adueña de mis sentidos, envuelve mis sueños transformándolos en
pesadillas.
Palpitar de mis
muñecas, la llamada de la desesperación, venas que se iluminan para llamar mi
atención.
Momentos de vacilación... Las lágrimas comienzan a brotar, llanto
mudo que impide mi respiración.
Nido de abejas en mi
pabellón auditivo, hacen voltear mi masa gris. Mi sistema nervioso se convierte
en un terremoto que altera todo mi existir.
Difícil controlar la
situación, todo son dudas, sumida en el abismo de mi depresión.
Sin embargo un
resquicio de cordura asoma con decisión, volverme un alma inerte sería la
solución. No más llanto ni dolor, por
ahora esa cápsula medicamentosa será mi salvación.




