jueves, 30 de mayo de 2019

DESESPERANZA


Un nuevo amanecer... El comienzo de un nuevo día,  y como en cada salida del sol, ella seca sus lágrimas, con la esperanza de que no sea igual que el anterior. 
Antes de comenzar la jornada, respira su primera dosis de nicotina, mientras mira por la ventana. Mientras observa... Mientras piensa que es lo que falla en ella. ¿Por qué esa apatía?, ¿por qué no consigue encauzar su vida?.  
Se aferra a su móvil, el cual se ha convertido en una falange más de su cuerpo, lo que los expertos llaman nomofobia,  aunque ella prefiere llamarlo soledad. Lo mira, con la esperanza de ver un mensaje especial, algo que la consiga motivar. Pero no, siempre es lo mismo, tiene mensajes, aunque no el que ella espera. Sólo son palabras vacías,  de viciosos, desesperados, de hombres que prefieren ahogar su soledad con sexo. Sin embargo ella ya está cansada, no quiere eso. "Coleccionista de hombres", piensa... "Eso es lo que soy, una coleccionista de hombres". No consigue comprender el por qué. 
No todos los que habían aparecido en su vida aparentaban ser así. Fueron hombres que consiguieron devolverle la ilusión, en su momento creyó que buscaban lo mismo que ella anhelaba. ¿Entonces?... Se pregunta con el corazón roto en mil pedazos. ¿Quizás eran lobos con piel de cordero?, ¿quizás hay algo en ella que no encaja?. Aunque... Sabe perfectamente, que esa no es la verdadera razón de su tristeza, de su insomnio, ni de sus momentos de locura, solo es una pena mas que ha añadido a su colección, porque para ella eso es mas llevadero, que la verdadera razón de su soledad. 

Y con la amargura aun recorriendo todo su cuerpo, deja de pensar por unos instantes, ya que debe prepararse para irse. Y como cada mañana sale a la calle, a su rutina diaria. Siempre va acompañada de su música,  es lo único que le da fuerzas para soportar la salida al exterior. No le gusta el ruido de los coches, ni de la gente, prefiere sumergirse en esas notas musicales, para así poder percibir solo lo que le interesa ver. Música corta venas, le han dicho muchos, aunque a ella no le importa demasiado la opinión de los demás,  después de todo, su concepto musical sobrepasa lo terrenal, y no espera que los demás lo entiendan.

Se adentra en el metro, y una vez dentro del vagón, comienza a observar las personas que hay en el. Mira sus caras, intenta analizar sus gestos y se dice a si misma que seguramente entre esa multitud, haya personas que seguramente se sientan pérdidas como ella, quizás tengan problemas mucho peores que el suyo, pero por más que las mira, no consigue percibir nada de eso. Sólo ve vacío, marionetas movidas por el sistema social en el que viven. 
Entonces es cuando aparta la mirada, y mientras escucha esas notas, que llegan a lo más profundo de su alma, no puede evitar el sentimiento de tristeza y frustración.  Las lágrimas empiezan a brotar de sus ojos, ella intenta por todos los medios que eso no ocurra, pero es inevitable, es algo que no puede remediar. Así que saca su pañuelo e intenta secarlas de forma que nadie se de cuenta. Cierra los ojos, cree que así podrá evitar que se derramen, pero aunque sea de una forma más comedida, siguen acariciando sus mejillas.
Llega el momento de salir del vagón y entre la multitud solo ve sombras, ya le es imposible discernir sus rostros, todos le parecen iguales, mejor dicho, ya no ve rostros, solo figuras oscuras y distorsionadas.

Al fin llega a su trabajo, en ese momento es lo único que la hace sentirse un poco viva. Siempre se queda más tiempo del que debería, ya que por lo menos allí deja de pensar, no le importa el cansancio ni la extenuación, todo eso es mejor que dejar que su alma la atormente. Pero es momento de volver a casa, y con resignación, se vuelve a colocar sus auriculares y vuelve a la estación.

No sabe porque,  pero sin quererlo siempre se queda ensimismada mirando las vías.  Y mientras las observa, siempre le viene el mismo nombre a la cabeza. "Karénina".

No puede evitar recordar, el día que junto a su hija vio aquella película,  y como ella misma, la juzgó por dejar a lo que más quería por un sueño loco. Aunque... Teniendo en cuenta su actual situación, ya no pensaba de la misma forma. 
Quizás sus circunstancias no habían sido iguales a las de ella,  pues en realidad su sueño loco, era vivir en libertad con lo que más amaba en este mundo, volver a sentirse viva, sentirse persona y mujer. Sin embargo, aunque no fuesen las mismas circunstancias, las consecuencias fueron parecidas. Y ahora ella, también era juzgada por ello.

Y con la mirada aun clavada en aquel raíl, pensó en como se debió sentir la protagonista de aquella tragedia, en el momento en que decidió abrazar a la muerte, en unas vías parecidas a las que ella estaba observando. ¿Quizás se sintió como ella?... ¿Sin esperanza?... ¿Sin ilusión?... ¿Desbordada, por todo lo que había acontecido?. ¿Con ese sentimiento de culpabilidad, porque no era capaz de soportar las consecuencias, que sus decisiones la habían causado?.
Cada vez que pensaba en ello notaba como su estómago se encogía.  

"¿Yo acabaré igual, lanzándome a los brazos de la parca?".

Después de todo... ¿Quién la echaría de menos?.
Al fin y al cabo nadie la esperaba, solo una habitación oscura y su soledad.



miércoles, 22 de mayo de 2019

KITSUNE


"Mi querida Oonagh, como negarle nada". Eso mismo pensé,  cuando se plantó delante de mí,  con una herradura y me pidió que hiciese algo especial para ella.

Tenía claro que debía de ser algo relacionado con el bosque, ya que ella es un espíritu libre, pero también quería que esa herradura llevase algo de mi interior.
La miré y lo vi claro, era como si su forma me llamase y se dibujase sola en mi mente. Pude ver sus orejas puntiagudas,  sus ojos penetrantes mirándome, todos los detalles de su magnífico pelaje. Era kitsune.

Oonagh me miraba, mientras yo totalmente absorta cogía el pincel y comenzaba a pintar.  La miré por un momento y vi esa sonrisa pícara suya, como si me estuviese diciendo que había dado en el clavo. "Es pura conexión lo que tenemos ella y yo", pensé.

Seguí pintando, mientras pensaba el porque esa imagen, se había plasmado tan claramente en esa herradura y en mi mente. 
Estaban siendo momentos difíciles para mí,  de hecho la verdadera intención de Oonagh, era la de mantenerme entretenida, para no pensar en mi caótica vida. Pero... mi mente es inquieta y por muy entretenida que esté, no deja de recordarme el porque de mi apatía.


Dualidad.... Quizás eso era, lo que más me atraía de aquel ser mitológico, esa cualidad era lo que realmente me conectaba a él. 
Un ser de luz y sombra, por un lado una divinidad, sabio, de espíritu fuerte, protector... Por otro lado un yokai, mentiroso, astuto, juguetón, sensual, egoísta.... Pero, su sombra no es lo que parece.

En el fondo es un alma solitaria, condenada a proteger por su gran sabiduría y valor, de mostrar el camino a los demás, sin poder permitirse el lujo de poder amar, de ser libre para poder coger las riendas de su propia existencia. Por eso su necesidad de hacer travesuras a veces, es su forma de sentirse vivo, de disfrutar de los placeres humanos, incluso los carnales, aunque eso le suponga el sacar lo peor de sí mismo. 

En el fondo su oscuridad, es solo una coraza para no mostrar la tristeza que hay en él. Somos totalmente iguales, por eso lo vi... Y por eso decidí plasmarlo.

Condena es nuestro sino, obligados a expiar en nuestras propias carnes, los pecados y errores de los demás.


domingo, 5 de mayo de 2019

INSOMNIO


Aquella noche, despertó más inquieta que de costumbre. No eran extraños, sus más de tres despertares nocturnos, a causa de los trastornos del sueño que padecía desde hacía tiempo. Pero esta vez, la sensación era diferente. Estaba incomoda, inquieta y confundida, por el despertar repentino. Todo su cuerpo, estaba empapado en un sudor frío y sentía una presión en el pecho, que no la dejaba respirar. 
Intentó recordar, si había tenido alguna pesadilla, que le hubiese podido producir ese malestar, pero no recordaba absolutamente nada, ni siquiera, en que momento se había dormido. 

Tomo un soplo de aliento e intento relajarse, pero la atmósfera de su habitación era peculiarmente densa, más oscuridad y silencio de lo habitual, y eso le hacía sentir incomoda. Empezó a tener miedo, tenía una sensación extraña, que hacía que todo el vello de su cuerpo se erizara. 
Decidió levantarse,  con el propósito de calmarse. Cruzó el umbral de su habitación y empezó a recorrer el pasillo, hacia la cocina. Tenia la ligera sensación de qué el pasillo, era más largo de lo normal, incluso le parecía siniestro, como sacado de un relato de Edgar Allan poe. 

Paró justo delante de la cocina, totalmente decidida a fumarse su habitual cigarro nocturno, con cuidado, de no despertar a su madre, para que no la regañase, por deambular por la casa, a esas horas tan intempestivas. Y cuando iba a entrar, algo la paralizó.  Un escalofrío, recorrió toda su columna vertebral, hasta acomodarse en su nuca, como si de una corriente eléctrica se tratase. Sintió un nudo en el estomago y noto como su cuerpo se entumecía, el sudor frío, se volvió a hacer dueño de su cuerpo. 
Notaba una presencia extraña, su voz interior le grito, "¡CUIDADO!". Miró hacia atrás sobrecogida, pero solo vio la puerta que daba al portal. Aún así, no podía dejar de sentirse amenazada, por algo que no podía ver.

Se acercó a la puerta y esa sensación, era cada vez más plausible. Podía sentir el peligro, como si algo estuviese esperando detrás de la puerta, acechándola. Miro por la mirilla de forma temblorosa, pero solo vio el descansillo vacío de la escalera, iluminado, por la tenue luz de emergencia. Respiro aliviada y se dijo a si misma… "Es solo una mala noche".

Poco le duró ese alivio, cuando un grito desgarrador, inundo toda la estancia. Su primer impulso, fue averiguar de donde provenía. No fue tarea complicada, en cuanto giro la cabeza, pudo ver que aquel sonido tan aterrador, provenía del final del pasillo y que la persona que lo producía, era su propia madre.
Se acerco corriendo, como alma que lleva el diablo, mientras preguntaba en voz alta, que qué le ocurría. 

Por fin llego hasta donde estaba su madre, la miro y vio su cara totalmente desencajada, envuelta entre lágrimas y gritos de pánico. Totalmente desconcertada, miró, hacia donde los ojos de su madre, estaban clavados… "¡Imposible!", pensó
Sus piernas empezaron a temblar, hasta tal punto, que tuvo que agarrarse para no caer. No podía creer, lo que sus ojos estaban viendo. 
Miró a su madre, mientras sus lágrimas, comenzaron a brotar y recorrer sus mejillas, sin tregua alguna. Volvió a observar e intentar analizar, aquel escenario tan dantesco.

Lo que más llamaba la atención, a primera vista, era aquel manto de sangre, que hacía la función de alfombra, mientras cubría el suelo blanco inmaculado, de aquella estancia y como un cuerpo, totalmente desnudo, pálido y frágil yacía sobre ese manto.
Y esa mirada… inerte… como si estuviese mirando al vacío, triste… En la que aún, se podía apreciar los restos de lágrimas derramadas. Justo en ese momento, dos frases inundaron su mente, "horizontal al hospital, vertical al cementerio". Su mente no paraba de gritar. "No puede ser, estoy soñando, esto es solo una pesadilla".

Fue entonces, cuando escuchó, como la puerta se abría, como unos pasos se acercaban a ella, ya todo era difuso. 
Una niebla oscura, empezó a envolver todo y entonces recordó... Y al recordar, lo comprendió... Y fue entonces, cuando volvió a sentir esa presencia, pero ahora estaba justo detrás de ella, prácticamente rozándola.
Se giró temblorosa, pero resignada. Lo miró… Sus ojos eran rojos como aquella sangre, su rostro no tenia facciones, estaba allí por ella. Se había elevado de los infiernos para llevarla con él. 

Aquella noche, fue su juicio... Su condena... Y su castigo, por haberse rendido a la desesperación.