Sueños... ¿Realmente
podemos alcanzarlos?. O son simplemente espejismos en forma de pequeños oasis
en medio del desierto de nuestras vidas.
De pronto allí
aparecen, cuando más cansado y sediento te encuentras, cuando la oscuridad ya
se ha apoderado de gran parte de tu alma. Y vuelves a ver esa luz brillante de
esperanza, las energías y fuerzas que creías que ya se habían agotado te hacen
volver a caminar, con cierta sonrisa en tu rostro, sin despegar la mirada de
ese maravilloso oasis, que parece estar tan cerca de ti.
Y caminas, día tras
día, noche tras noche. Empiezas a darte cuenta de que la distancia no era tan
insignificante como creíste en un primer momento. Caminas pero no pareces
avanzar.
Aún así aunque en ciertos momentos las fuerzas te flaquean sigues
adelante. En varios momentos te dejas vencer por el pesimismo y deseas
renunciar, pero lo miras y se ve tan hermoso y plácido... Todo aquello que
habías estado buscando durante tanto tiempo está allí.
Y con la boca seca, llena de llagas a causa
de la deshidratación, con todo tu cuerpo dolorido, tus pies llenos de ampollas
y heridas que sangran porque hace tiempo que tus zapatos acabaron hechos añicos
por el angosto camino y ahora tus pies acarician desnudos las brasas de esas
arenas... Sigues adelante, rumbo fijo a tu salvación.
Sin embargo,
mientras te vas acercando, te das cuenta de que lo que antes veías con total
claridad, cada vez se vuelve más difuso. Tienes la sensación de que según se
acorta la distancia, también ese oasis va desapareciendo poco a poco.
Y justo en el
momento en que llegas a tu destino, con el corazón roto en mil pedazos, ves que
solo ibas dirección a un espejismo. Allí
donde se encontraban todos tus sueños, solo hay arena.
Y arrodillado, con
lágrimas en tus ojos, comienzas a observar tu cuerpo. Todas tus articulaciones
están retorcidas a causa del dolor, tu piel ya no es piel, es solo un trozo de
tela erosionada a causa del sol y el viento. Tus pies ya no tienen forma, están
hinchados, tus dedos torcidos y la tela que los recubre solo es sangre. Y tu
mente...
Miras al cielo y
piensas... ¿Este es mi final?. Pero aún sigues respirando, a pesar de que ya no
lo deseas.
Y con ira y frustración gritas al supremo el por qué tu sangre aún
circula por tus venas, por qué tus pulmones siguen acogiendo el oxígeno, por qué si tu corazón está roto aún sigue
latiendo. ¿Cual es la razón, la finalidad a tanta agonía?, ¿es una broma pesada, un castigo por vidas
pasadas, por una maldición de tus ancestros?.
Por unos instantes
tu mente se pierde en ese agujero negro de desesperación, lloras hasta agotar
las pocas reservas de agua que quedan en tu cuerpo.
Pero... Te vuelves a
levantar, porque tiene que haber alguna razón a tu respirar, porque no quieres
darte por vencido. Deseas seguir buscando ese oasis donde se encuentran todos
tus sueños, porque la vida es búsqueda, porque en algún momento con perseverancia acabarás encontrando la
felicidad. si no... ¿Qué sentido tiene la vida, si no hay esperanza?.

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