sábado, 27 de julio de 2019

SUEÑOS

Sueños... ¿Realmente podemos alcanzarlos?. O son simplemente espejismos en forma de pequeños oasis en medio del desierto de nuestras vidas.

De pronto allí aparecen, cuando más cansado y sediento te encuentras, cuando la oscuridad ya se ha apoderado de gran parte de tu alma. Y vuelves a ver esa luz brillante de esperanza, las energías y fuerzas que creías que ya se habían agotado te hacen volver a caminar, con cierta sonrisa en tu rostro, sin despegar la mirada de ese maravilloso oasis, que parece estar tan cerca de ti.

Y caminas, día tras día, noche tras noche. Empiezas a darte cuenta de que la distancia no era tan insignificante como creíste en un primer momento. Caminas pero no pareces avanzar. 
Aún así aunque en ciertos momentos las fuerzas te flaquean sigues adelante. En varios momentos te dejas vencer por el pesimismo y deseas renunciar, pero lo miras y se ve tan hermoso y plácido... Todo aquello que habías estado buscando durante tanto tiempo está allí. 

Y con la boca seca, llena de llagas a causa de la deshidratación, con todo tu cuerpo dolorido, tus pies llenos de ampollas y heridas que sangran porque hace tiempo que tus zapatos acabaron hechos añicos por el angosto camino y ahora tus pies acarician desnudos las brasas de esas arenas... Sigues adelante, rumbo fijo a tu salvación.

Sin embargo, mientras te vas acercando, te das cuenta de que lo que antes veías con total claridad, cada vez se vuelve más difuso. Tienes la sensación de que según se acorta la distancia, también ese oasis va desapareciendo poco a poco.
Y justo en el momento en que llegas a tu destino, con el corazón roto en mil pedazos, ves que solo ibas dirección a un espejismo. Allí donde se encontraban todos tus sueños, solo hay arena.

Y arrodillado, con lágrimas en tus ojos, comienzas a observar tu cuerpo. Todas tus articulaciones están retorcidas a causa del dolor, tu piel ya no es piel, es solo un trozo de tela erosionada a causa del sol y el viento. Tus pies ya no tienen forma, están hinchados, tus dedos torcidos y la tela que los recubre solo es sangre. Y tu mente...

Miras al cielo y piensas... ¿Este es mi final?. Pero aún sigues respirando, a pesar de que ya no lo deseas. 
Y con ira y frustración gritas al supremo el por qué tu sangre aún circula por tus venas, por qué tus pulmones siguen acogiendo el oxígeno, por qué si tu corazón está roto aún sigue latiendo. ¿Cual es la razón, la finalidad a tanta agonía?, ¿es una broma pesada, un castigo por vidas pasadas, por una maldición de tus ancestros?.

Por unos instantes tu mente se pierde en ese agujero negro de desesperación, lloras hasta agotar las pocas reservas de agua que quedan en tu cuerpo.
Pero... Te vuelves a levantar, porque tiene que haber alguna razón a tu respirar, porque no quieres darte por vencido. Deseas seguir buscando ese oasis donde se encuentran todos tus sueños, porque la vida es búsqueda, porque en algún momento con perseverancia acabarás encontrando la felicidad. si no... ¿Qué sentido tiene la vida, si no hay esperanza?.



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