Llegó el fin de
semana, y por fin parecía que el tiempo
nos daba algo de tregua. Estábamos en primavera, pero los días anteriores
habían sido como de pleno invierno. Por lo cual... ¿Como
resistirse a la tentación de disfrutar, de ese día tan espléndido?.
No es que
me hiciera mucha gracia salir a la calle, pero no podía seguir estando
encerrada en casa. Y esa magnífica idea la debió de tener todo el mundo, cuando
al llegar a mi parque favorito, vi que estaba a rebosar de gente.
"¡Estupendo!", pensé. Yo huyendo de la humanidad, para
poder respirar tranquila y los tengo aquí a todos concentrados.
Después de esa
primera impresión tan deprimente, decidí olvidarme de todos los que allí
estaban y empecé a caminar. Me alejé de los caminos más concurridos y llegué a otro pequeño
parque interior, igual de lleno, pero ya me daba igual. La sola estampa de las
fuentes y los árboles me relajaba.
Subí hasta el final
de una escalinata, desde donde se podía contemplar todo. A parte del murmullo
constante de las personas que por allí paseaban, se escuchaba el vocear de
los pavos reales, con su grito falso de copula. Un espectáculo del cortejo y el duelo entre ellos, para ver quien
se llevaba a la ansiada dama, aunque viendo el interés de ellas, creo que esos dos magníficos machos, se quedaron ese día a dos velas.
Justo abajo de la
balconada, en la que me encontraba, había un pequeño estanque. Decorado en el
centro por unas preciosas calas blancas, los pequeños patitos, recorrían el
estanque de punta a punta. Una visión realmente conmovedora, para todos aquellos
aficionados a lo entrañable.
Pero... Aunque esos
pequeñines, eran el centro de atención de todo aquel que pasaba por delante, yo
como siempre, en mi búsqueda por lo diferente, vi una imagen mucho menos
agradable.
Baje las escalinatas
con mi móvil preparado, con el entusiasmo de un artista cuando encuentra la
inspiración, sin ponerme a pensar en esa dramática visión.
Me acerque todo lo
que pude al estanque, justo en el borde me arrodille y enfoque la cámara de mi
teléfono a un patito en concreto. Este no nadaba de forma intrépida por el
estanque. No sacudía sus plumas para escurrirse el agua. No te entraban ganas de acurrucarlo, ni de decir... "Pero que monada".
Solo flotaba...
Inerte... Un pequeño cuerpecito, balanceado por las pequeñas ondas del agua, que
producían sus hermanitos cuando nadaban cerca de él.
Hice varias fotos,
buscando la mejor perspectiva, mientras el resto de personas, solo miraban la
rebosante vida, de los otros pequeñines. Por un momento pensé. "Debo parecer un monstruo a ojos de
los demás, plasmando lo que nadie quiere
ver".
Intente deducir, que
es lo que le podría haber pasado. ¿Qué pensarían sus hermanos, al pasar por su lado
y ver que él ya no podía jugar con ellos?.
Miré a su madre,
protegiendo entre sus patas a sus pequeños, sin poder moverse, ni siquiera para
poder despedirse de su pequeño.
Pero... ¿Por qué a él, se le había negado seguir, bajo el refugio de su madre?. ¿Qué tipo de prueba, le puso el destino, que no pudo superar?.
Dicen que solo los
más fuertes sobreviven y por lo que se ve, ese no fue su caso.
Y es curioso, porque
cuando miré la mejor foto que había hecho, me dí cuenta, de que a pesar de que
mi pasión por lo atípico, me había hecho obviar lo triste. Mi alma sin embargo, se
quedó en aquella barandilla, velando a aquel pobre patito.

