"¿Estoy muerta o viva?. No. Estoy muerta. ¿Cuánto tiempo llevo así? Ya no lo recuerdo. Sé que respiro, sé que puedo moverme, que la sangre circula por mis venas, que aún tengo conciencia sobre lo que soy y lo que quiero ser. Pero... ¿Eso es vida?. Intento recomponer cada pedazo de mi alma, intento descifrar cada acertijo de mi cabeza, pero aún así... ¿Por qué me siento muerta?".
Esas palabras no podían dejar de brotar de mi mente. Siempre las mismas preguntas, el mismo vacío y la misma apatía que ya empezaba a convertirse poco a poco en amargura.
Era un día como todos los demás, sin planes, sin expectativas.... Lo único que lo diferenciaba era que tenía que visitar a mi proveedor de pastillas de la felicidad, las cuales aún no sé para que sirven, porque sinceramente sigo sin ver el mundo de color de rosa.
Salí de la consulta, con más frustración de la que tenía antes de entrar. Seguía sin obtener respuestas, sin pautas a las que aferrarme para salir de este bucle. Una hora perdida contando todas las causas de la basura que rodeaba mi vida, para nada.
Me senté a tomar mi ansiado café, mientras me fumaba un cigarro y pensaba en todo lo que había contado.
Me quedé mirando el grandioso parque que estaba en frente de mí, y teniendo en cuenta que no tenía nada mejor que hacer, decidí ir a pasear.
Sentí cierta paz en mi interior, mientras observaba los enormes árboles florecidos, mezclados con los que aún se resistían a echar sus primeros brotes.
Las personas que paseaban por allí eran como simples sombras para mí, pensé que cuantos de ellos podrían estar sintiéndose como yo, con sus sonrisas falsas, para no mostrar sus debilidades. Pero ese pensamiento duró poco. Mis ojos no podían apartar la mirada de la belleza que me rodeaba.
Me empecé a sentir inspirada y decidí sacar mi móvil, para hacer fotos de todo aquello que era imperceptible a la vista de los demás.
Después de andar bastante y adentrándome en las zonas menos concurridas del parque, lo vi, escondido, inerte, igual que yo, pero con la diferencia de que él estaba rebosante de vida y belleza. Al observarlo volví a sentir el débil latido de mi corazón.
Allí estaba... Lo que en un día fue un robusto árbol, ahora solo eran pedazos rotos de un tronco.
Me pregunte, ¿ qué es lo que podría haber pasado para que hubiese adquirido esa forma?. ¿Cómo murió?, quizás le cayó un rayo y lo partió justo por el centro. O tal vez ya lo habían talado antes y el rayo cayó como si quisiera moldear esa forma tan hermosa y peculiar.
En cualquier caso, no era muerte lo que veía, sino vida por doquier. Esa curiosa forma le había permitido acoger a infinidad de seres vivos, plantas, insectos que habían creado su hábitat en los resquicios de lo que quedaba de él.
Me acerqué todo lo que pude, mirando cada grieta, cada orificio, y era todo vida. Como si aquel rayo, le hubiese dado una segunda oportunidad, a través de los seres que en él habitaban.
Aquel árbol que murió, había renacido y era más hermoso que nunca y su sola visión, consiguió que por unos instantes, me volviese a sentir viva.

No hay comentarios:
Publicar un comentario